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lunes, 28 de marzo de 2011

La dimensión cultural de la vida social: Bolívar Echeverría

En esta primera lección del libro de Bolívar Echeverría, nos plantea tres puntos importantes: la dimensión de la cultura, la definición de la cultura y el estudio actual de la cultura.

Primeramente la dimensión cultural no sólo es una pre-condición que adapta la presencia de una determinada fuerza histórica a la reproducción de una forma concreta de vida social-como el caso de la doctrina cristiana, el procedimiento democrático o la colectivización del capitalismo-sino factor que es también capaz de inducir el acontecimiento de hechos históricos.

Una dimensión de fenómenos propios de la vida humana deben ser eliminados del horizonte moderno, fenómenos, del que prescinde la racionalidad mercantil–técnica, una racionalidad propia de la modernidad capitalista. El mundo de la cultura no puede ser visto como el remanso de la improductividad permitida (recuperable) o el reducto sumiso (suprimible) de la irracionalidad que se encontraría actuando desde un mundo exterior, irrealista y prescindible, al servicio de lo que acontece en el mundo realista y esencial de la producción, el consumo y los negocios.

La cultura es un proceso histórico social en el que se desarrolla la capacidad de crear nueva formas a partir de contenidos inéditos. No siempre es necesario continuar con las prácticas tal y como fueron fundadas, ya que todo proceso está sujeto a cambio o transformación, debido a las adaptaciones que se hacen con la transición que surge en el pensamiento. La percepción de la realidad desde los "otros puntos de vista" y no solo de la verticalidad.

La problemática actual en torno a la definición de la cultura puede comprenderse como la culminación de un conflicto tradicional que enfrenta entre sí frente a la noción de espíritu que genera el discurso moderno cuando versa sobre la vida social.

La realidad cultural da muestras de pertenecer orgánicamente, en interioridad, a la vida práctica y pragmática de todos los días. La dimensión cultural de los sujetos sociales que las perciben y experimentan hace que redunden en realidades sociales muy diferentes entre sí.

Al hablar de cultura pretendemos tener en cuenta una realidad que rebasa la consideración de la vida social como un conjunto de funciones entre las que estaría la función específicamente cultural. Es dimensión del conjunto de todas ellas, una dimensión de la existencia social, con todos sus aspectos y funciones, que aparece cuando se observa a la sociedad tal como es cuando se empeña en llevar a cabo su vida persiguiendo un conjunto de metas colectivas que la identifican o individualizan.

Cultura Femenina:Georg Simmel


George Simmel es el único autor que reflexiona de forma expresada sobre la mujer. Su reflexión no se va a centrar tanto en la cuestión social, es decir, en el análisis del movimiento social femenino burgués o en el movimiento social femenino proletariado, como en la cuestión cultural, es decir, la representación social de lo femenino, en el universo simbólico que caracteriza a lo femenino dentro de una sociedad cuyo patrón (que no matriz) es masculino.

La cultura es una síntesis única del espíritu subjetivo y del objetivo. De una cultura objetiva altamente desarrollada esta quizás excluida la gran masa de personalidades que hacen al caso.

Nuestra cultura, con la excepción de muy pocos ámbitos, es por entero masculina. Hombres han creado el arte y la industria, la ciencia y el comercio, el estado y la religión. Muchas realizaciones deficientes de los ámbitos más diversos son desclasadas como femeninas, y por el cual realizaciones sobresalientes de mujeres son alabadas como completamente masculinas.

En la medida en que las mujeres desearan pasar a las formas de vida y de realización de los hombres, se trataría para ellas de la participación personal en bienes culturales ya existentes, que hasta la fecha únicamente les han sido negados. Está en cuestión una cantidad de valores, no la creación de valores objetivamente nuevos.

La cultura objetiva aparece finalmente como la cultura en general y su desembocadura en los sujetos ya no aparece como su meta y sentido, sino como un asunto privado de éstos, auténticamente irrelevante.

Incluso hoy en día, los hombres consideran a la mujer como cosa. Hasta la división del trabajo ha sustraído del gobierno del hogar un gran número de tareas diferentes que antes eran satisfechas en su unidad, la actividad del ama de casa es una actividad más variada, menos fijada especializadamente, de lo que es cualquier profesión masculina.

En la línea psicológica de la misma mujer, su ser parece contener tantas posibilidades no realizadas, tantas promesas incumplidas, tantas energías potenciales encadenadas, que con su evolución hacia la actividad este ser llegaría por vez primera a su determinación, y sus valores y realizaciones se manifestaran por primera vez.

Pero si tiene que ser una cultura objetiva y si las mujeres tienen que avenirse a su forma, en tal caso sólo cabe esperar de las mujeres nuevos matices culturales y ampliaciones de fronteras cuando realizan algo que los hombres no pueden.

El asa: Georg Simmel

Dentro de nuestras riquezas culturales existen objetos que pasan desapercibidos por nuestros ojos y que parecen no tener gran importancia en nuestra vida cotidiana. Georg Simmel nos trae hasta nosotros un objeto que parece tan insignificante para nosotros pero que en su escrito nos representa como entes culturales, se trata ni más ni menos que del asa de una taza.

Por lo regular una taza es un recipiente resistente con una sola asa que se usa para tomar líquidos. Aunque en algunos países de Latinoamérica se le denomina jarro. La taza, como trozo de metal o de cualquier otro material, tangible, ponderable, inserto en el trasiego y las conexiones del medio circundante, la taza es un fragmento de la realidad.

El asa es el miembro con el cogemos el vaso, lo alzamos, lo inclinamos; podemos decir que por medio del asa se proyecta aquél expresivamente en la realidad, es decir, a las relaciones con lo exterior. Las asas no son meras excusas indiferentes a todo su valor artístico en su forma, como los elementos de encaje de un cuadro, en el caso de las pinturas de arte.

Podría decirse que el asa procede de poderes exteriores, que pertenece a un orden exterior de las cosas, destacando un significado que va más allá de la pura forma artística. El corte entre el vaso y el asa se acentúa con mayor fuerza en la forma de serpiente, lagarto o dragón que está última adopta a veces.

Simmel lo relaciona el asa de las tazas como los brazos del hombre, que habiendo surgido del mismo proceso homogéneo de organización que su tronco, constituyen al mismo tiempo el elemento de mediación de las relaciones del conjunto del ser con el mundo exterior. Así como el alma es la mano un instrumento, también el instrumento es para ella una mano.

La taza representa al alma de la cultura interiorizada, un lugar donde se percibe lo simbólico. Adentro de la taza representa el mundo real donde se objetiva la cultura interiorizada. El asa como elemento primordial del vaso es la conexión al mundo exterior donde se encuentran todas las prácticas y toda la materialización. Podemos decir entonces que la taza es una cultura determinada, donde cada taza (cultura) tiene su propia alma (cultura interiorizada), que interactúan entre sí por el asa. Entre cada taza (cultura) existe una conexión por medio del asa.

lunes, 7 de marzo de 2011

La Investigación Cultural en México

Ahora Gilberto Giménez nos da un pequeño paseo, sin profundizar muchos sobre lo que ha pasado y lo que sucede en nuestro país en materia de investigación cultural. El descubrimiento de las obras de Antonio Gramsci en los años sesenta fueron un parte aguas en nuestro país y el nacimiento de un impulsor de los estudios culturales: Alberto M. Cirese. Hay que tomar en cuenta que inicialmente el terreno más cultivado y frecuentada por la investigación cultural en nuestro país haya sido el de las culturas populares. No se puede hablar de cultura popular en México sin mencionar la vasta obra de Carlos Monsiváis, quien puede ser considerado con toda justicia como testigo y cronista privilegiado de las más variadas manifestaciones de la vida cotidiana y festiva de los estratos populares principalmente urbanos. En México se ha estudiado muchísimo las culturas tradicionales bajo dos figuras principalmente: las culturas étnicas y las culturas campesinas. Hoy día contamos con una muy buena sistematización de los ciclos de fiestas populares (patronales, carnavalescos, etcétera) en todo el país, con excelentes estudios sobre las danzas populares, sobre danzas de conquista, sobre artesanías y artes populares, sobre cultura obrera, sobre creencias populares en comunidades pueblerinas, sobre el discurso popular, sobre religión popular y religión de los santuarios, sobre las sectas como nuevas formas de religión popular, sobre cultura urbana barrial y chavos banda; y en fin, con significativos avances en el estudio del cancionero popular, que entre otras cosas han contribuido al redescubrimiento del corrido y a su reinterpretación histórico-sociológica. El hecho de que algunos investigadores interesados en la problemática cultural también fueron comunicólogos, hizo que se desarrollara una serie de importantes investigaciones sobre la televisión que, como sabemos, constituye un factor determinante de la llamada “cultura de masas” en México. Néstor García Canclini se ha esforzado últimamente por orientar la atención de los investigadores y estudiosos de la cultura hacia los posibles efectos culturales de la globalización económica en México y en América Latina. Pero quienes no se están poniendo la pila son el estado y las empresas que cada vez más abandonan cada vez más los discursos humanistas e idealistas sobre la ciencia. Actualmente no se invierte en científicos, técnicos e instituciones científicas para saber la verdad, sino para acrecentar el poder, que es lo más triste. Aunque a veces salen recursos para llevar a cabo investigaciones en el ámbito cultural pero ha faltado la motivación a estudiantes, académicos y a investigadores salirse de lo común. Como dice Giménez “ En México se ha trabajado mucho, como queda dicho, en materia de historia del arte, pero simplemente no existe ni se cultiva una sociología del arte o del gusto estético que nos recuerde al gran Bourdieu”.

Cultura y Hermenéutica

Todo inicia de una preocupación esencialmente de la antropología, una necesidad de comprender ¿Cuál es el significado de las costumbres extrañas y aparentemente incomprensibles observadas en sociedades diferentes de la nuestras? Tratándose del universo simbólico, existen métodos de descripción y de análisis de los hechos de sentido que, si bien no permiten por sí solos reconstruir o proyectar sentidos en forma sintética y global, por lo menos fundamentan y preparan metodológicamente la fase interpretativa final, haciéndola aceptable y defendible. Toda interpretación implica interpretar lo ya interpretado en otros niveles o instancias. Es aquí donde la hermenéutica tiene un papel muy importante: traducir la autointerpretación espontánea de la cultura a un lenguaje de otra interpretación. Comprender una cultura es también, y sobre todo, mirarla desde una posición excéntrica o, mejor, desde una cultura diferente. La interpretación de una cultura resulta siempre un diálogo entre dos culturas, la cultura observada y la cultura observante, sea o no consiente de ello el intérprete observador. La relación intérprete-interpretación se considera compleja y cada caso responde a muy variadas finalidades, condiciones y situaciones, lo que plantea multitud de cuestiones y problemas. Los problemas de interpretación se entienden mejor si se especifica el contexto o marco en el que se hace dicha interpretación. Por ejemplo no existen los mismos problemas en la interpretación de unas observaciones científicas, que en la interpretación de algunos aspectos culturales. Dada la variedad de campos en los que aparece la necesidad de interpretación, parece necesario hacer una clasificación de ámbitos fundamentales de interpretación La interpretación se propone fundamentalmente reconstruir la dimensión referencial de las formas simbólicas (qué es lo que se representa y lo que se dice acerca de lo representado). Las culturas populares tradicionales tendrán que ser analizadas de ahora en adelante bajo la hipótesis de que la sociedad contemporánea se caracteriza por la tendencia a la homogeneización cultual. La vocación esencial de la antropología interpretativa no es dar respuestas a nuestras preguntas más profundas, sino darnos acceso a respuestas dadas por otros, que guardaban otras ovejas en otros valles, y así permitirnos incluirlas en el registro consultable de lo que ha dicho el hombre.

jueves, 3 de marzo de 2011

La concepción simbólica de la Cultura

Todo parte de la obra de Edward Taylor con Primittive donde plantea este proceso lineal donde se muestran estos dos posibles extremos de la cultura. Se tenía una visión de que todos estábamos llamados a ser europeos. Para llegar hasta ese punto, cada cultura avanzaría a ritmo y velocidad diferente. De ahí llega Franz Boas donde viene a cambiar esta perspectiva y señala que estamos rodeados de diferentes culturas. A partir de ahí se pueden plantear tres fases sucesivas que llevaron a la cultura a lo simbólico. Primero fue la fase concreta (costumbres), luego la fase Abstracta (modelos) y por último la fase simbólica (significados), donde a la cultura se define como una telaraña de significados y es en esta fase donde se empieza a concebir a la cultura como el conjunto de hechos simbólicos presentes en una sociedad. ¿Pero en si qué es lo simbólico? Lo simbólico es el mundo de las representaciones sociales materializadas en formas sensibles, y que pueden ser expresiones, artefactos, acciones, acontecimientos, etc. Si volteamos a nuestra realidad, nuestra cultura ha seleccionado algunos fenómenos y los ha institucionalizado como signos a partir de que comunican algo. Por ejemplo, lo rayos o la lluvia, el viento o hasta un sismo es señal de que ocurrirá algún cambio. Hay que tomar en cuenta que nuestras prácticas culturales se concentran en torno a nudos institucionales poderosos, como el Estado, las Iglesias, las corporaciones y no podían faltar los mass-media, que son también actores culturales dedicados a administrar y organizar sentidos. El concepto de la cultura simbólica dibuja de semiótica, y acentúa la manera de la cual la cultura se media con muestras y conceptos. El concepto de la naturaleza simbólica de la cultura fue popularizado cerca adentro antropología por Clifford Geertz, y ahora tiene uso extenso a través de un número de disciplinas. Eunice Durham proponen abordar la cultura desde una perspectiva dinámica, mientras que Gilberto Giménez como un proceso, de punto de vista diacrónico o sincrónico

lunes, 21 de febrero de 2011

Los conceptos de diferencia y subordinación en el estudio de las culturas populares

En muchas ocasiones hemos escuchado o leído el termino de “culturas populares” y rápidamente pensamos en lo más bajo de nuestra sociedad. Bonfil nos invita a reconocer y reconocer esta cultura propia de los pueblo, algo que con el fenómeno de mestizaje se puede desaparecer y nos olvidamos de lo nuestro. El interés de este antropólogo mexicano por la cultura de los pueblos indígenas y después por el conjunto de pueblos, comunidades y expresiones culturales configuradas históricamente y que él imaginó como el “México profundo”, perduró desde su juventud hasta su muerte prematura en 1991. La historia de México, desde la Colonia hasta la actualidad ha estado marcada por la manera en que se articulan las transformaciones sociales endógenas con un proceso de orden civilizatorio que abarca todos los continentes. Investigando un poco, en los años ochenta confluyen una serie de iniciativas institucionales y académicas que marcan el momento más complejo y amplio del debate sobre cultura popular. Una de las primeras rupturas con las concepciones previas fue cuestionar el efecto totalizante del concepto: no hay cultura popular en singular, sino múltiples expresiones culturales de origen popular, formas plurales de existencia de lo popular, situaciones concretas de explotación económica, de subordinación política y de hegemonía ideológica que requieren ser estudiadas en su concreción. La sociedad mexicana es una sociedad estratificada, donde los desniveles culturales deben estar presente en ella al igual que está presente la desigual distribución de la riqueza, y lo que nos ha enseñado la antropología es que hay culturas diferente, otras culturas distintas de la dominante. Las culturas populares resultan ser, por definición, culturas subordinadas, con todas las implicaciones del término. “La cultura popular es la cultura de los de abajo, fabricada por ellos mismos, carente de medios técnicos. Sus productores y consumidores son los mismos individuos; crean y ejercen su cultura. No es la cultura para ser vendida sino para ser usada. Responde a las necesidades de los grupos populares”. (Margulis, 1982: 44). Hay que ponernos a pensar ¿Cuál es mi cultura? y ¿Cómo puedo relacionarme a partir de mi cultura con las culturas de los otros?

viernes, 18 de febrero de 2011

Lo propio y lo Ajeno: una aproximación al problema del control cultural

Bonfil Batalla nos presenta esta relación tan estrecha entre clases sociales y cultura. El hablar de lo propio y lo ajeno no es alguna connotación individual, sino una connotación social donde el control cultural ya no se establece entre lo que es mío y lo que es tuyo, más seria entre lo nuestro y lo de otros. Nos plantea también que cuando hablamos de lo propio y lo ajeno, no solo nos referimos a los grupos étnicos, sino también a todos aquellos grupos que se supone toman decisiones propias, es decir tener un control cultural. Por control cultural se entiende la capacidad de decisión sobre los elementos culturales. Como la cultura es un fenómeno social, la capacidad de decisión que define al control cultural es también una capacidad social, lo que implica que, aunque las decisiones las tomen individuos, el conjunto social dispone, a su vez, de formas de control sobre ellas. Cuando hablamos de elementos culturales se entienden como recursos de una cultura que resulta necesario poner en juego para formular y realizar un propósito social (material, de organización, de conocimiento, simbólico y emotivo). Dentro de una sociedad podemos encontrar el grupo social que es quien decide y los elementos culturales sobre los cuales decide, por ello se puede detectar cuatro categorías dentro de la cultura: Cultura autónoma: poder de decisión de sus propios elementos culturales; una Cultura Impuesta: donde el grupo social no tiene voz ni voto; una Cultura apropiada: donde los elementos culturales son ajenos; y por último una cultura enajenada: donde el poder de decisión sobre los elementos culturales es despojado. Ante esto la cultura autónoma y la cultura apropiada conforman el universo de la propia cultura. Esta capacidad de decisión dentro de un sistema cultural que incluye valores, conocimientos, experiencias, habilidades. Por ello no es abstracto, si no histórico, de generación en generación. Ahora la pregunta que nos deberíamos hacer como sociedad, ¿Sabemos identificar lo que es nuestro y lo que no?

martes, 15 de febrero de 2011

La cola del Dragón



Ahora un comentario sobre el escrito de David Coronado, sobre la función de la cultura en la sociedad actual. De la variedad de opciones que día a día se nos presentan, que hace difícil saber qué elementos de la cultura son propios. Estamos ante un panorama de global ante lo local. Preferimos ver a artistas de otros países que rescatar lo nuestro. Los consumos culturales se convierten en consumos personales y personalizados.
Gran parte de este problema ha sido la incapacidad de algunos funcionarios de no ejercer bien su papel como promotores de espacios culturales y también de nosotros como sociedad que nos hace falta un bagaje cultural.
Hay que tomar en cuenta que la cultura es parte de socialización, pero también hay una educación formal, como las escuelas, donde nos dicen que hacer y que no hacer.
Podemos retomar algo de Bourdieu en este comentario. Vivimos en un campo, un campo cultural donde los actores ya están, lo quieran o no, y es ahí donde comienza la lucha por la supervivencia.
En Guadalajara actualmente se consume lo que antes no existía; el problema ahora es el criterio para medir lo que puede aceptado o no. Eventos que en otro momento eran viables, ahora se han venido convirtiendo en cotidianos.
Es por ello que la autocreación y desenvolvimiento del espíritu humano se ven avasallados y para poder sobrevivir se entremezclan con éstos, dando origen a nuevas formas y figuras híbridas, caprichosas y contradictorias.
Ahora para combatir ante esta inmensa cola de dragón nos queda la resistencia. Luchar dentro de este cambo para rescatar aquellas cosas que se han perdido y que algunas cosas aun no sabemos que existen pero que ahí están con la esperanza que algún día sean extraídas de la cola de dragón.
El símbolo de las ciudades modernas no es la moneda sino el ruido; el ruido es suficiente para sentirse acompañado y tranquilo.
Enrique Gallegos, Malestar.

viernes, 11 de febrero de 2011

Alta Costura y Alta Cultura

El sociólogo alemán comienza planteando dos campos de juego: la moda y la cultura, que están sumamente unidas entre sí, es decir que al hablar de moda implica hablar de cultura.
Dentro de cada uno de estos campos, en cada uno de ellos hay un dominante, quien tiene el poder y quien marca lo que se tiene que hacer. Como en la moda, comprar lo último en diseño nos coloca a la vanguardia. También en la cultura, genera un nivel de status el acudir a uno de los mejores conciertos de música clásica o adquirir piezas de los más renombrados artistas y que tienen un valor económico muy elevado.
En cada uno de los campos, quienes imponen la moda son quienes con su poder hacen valer sus ideas, por más malas que estas sean, como diría tal vez Pierre Bourdieu en su escrito sobre la firma Chanel.
Y lo malo de todo esto, aunque parecería normal, los dominantes proponen y nosotros tratamos de alcanzarlos, de imitarlos, dejemos de ser nosotros mismos para convertirnos en personas que ellos quieren que seamos. Todo está a favor de los dominantes.
Y como dice Bourdieu, para jugar este juego hay que creer en la ideología de la creación, el poder decir yo también puedo y no debemos asumir ese papel de dominado donde la salida más fácil es abandonar el juego, aunque sigamos en ese mismo campo.
Muchos de nosotros tomamos esa posición de dominado por el miedo de ser eliminado de este campo. Pero Bourdieu nos recalca que para cambiar este panorama tenemos que enfrentarnos a una lucha incesante para poder cambiar aquellas cosas que el poder nos ha establecido.
Ahora surge la pregunta del millón ¿quién dice qué lo que está a la moda?